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El periodismo de verdad

Cualquiera que quiera ser un profesional de la comunicación debe saber quiénes son Carl Bernstein y Bob Woodward y qué es el caso Watergate. Ése que puso patas arriba una nación y que provocó que Richard Nixon, el presidente republicano de Estados Unidos,  dimitiera el 8 de agosto de 1974.

Richard Nixon

Bernstein una mañana lee en una noticia que han arrestado a cinco hombres que han intentado robar en la sede del Comité Demócrata Nacional, situado en el hotel Watergate. El periodista alarmado por lo ocurrido decide investigar lo ocurrido. Investigación a la que posteriormente se le une Woodward. Los reporteros del Washington Post hablan con los abogados de los acusados, con sus ex jefes, con compañeros de trabajo, con la Biblioteca de la Casa Blanca, etc.

Además de las averiguaciones que hacían preguntando a todo el que pudiera saber algo, la fuente más relevante de la investigación es ‘Garganta Profunda‘ o el ‘Ronco’ como se le conocía en el periódico. Éste iba guiando a Woodward en la investigación diciéndole por donde tiene que tirar o dándole algunos datos. La clave para que Mark Felt (Garganta Profunda) y el resto de fuentes accedieran a ayudar a los reporteros es que éstos no desvelasen sus nombres. Y gracias a que los periodistas iban cumpliendo su palabra a medida que iban descubriendo y publicando cosas la gente confiaba en ellos y les contaban lo que sabía. También es fundamental el papel de Ben Bradlee (el director del periódico) y de Katharine Meyer (la editora del diario) en su apoyo para que siguieran con el trabajo y en la exigencia de que contrastaran todo al menos con tres fuentes.

Bernstein y Woodward

Que se repetir Watergate en la actualidad es un poco complicado porque este tipo de periodismo, a pesar de que es el de verdad, el que da nombre a la profesión, cuesta mucho y las empresas de comunicación no están dispuestas a gastar tanto dinero. Además, el proceso de verificación de Bob y Carl ya no se utiliza. Ahora con mirar algo en internet sobra. Es más, con acudir a una rueda de prensa en la que no se admiten preguntas es suficiente para fusilar la información y emitirla. Asimismo, la credibilidad que los ciudadanos le concedían en el siglo pasado se ha perdido, y los culpables son los periodistas que se han olvidado del principio de que menciona el libro Los Elementos del Periodismo  “hacer del lector/oyente/espectador la primera obligación”.

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